Comprender cómo interactúan calor y diabetes es el primer paso para disfrutar del verano con seguridad.
Durante los meses de verano o cuando el clima es muy caluroso, nuestro cuerpo se enfrenta a un desafío adicional. Si además nos acompaña la diabetes, ese desafío se multiplica. Las altas temperaturas no son un simple inconveniente estacional: son un factor que puede alterar profundamente el control metabólico, desencadenar emergencias y comprometer la salud de millones de personas.
Un problema de escala global
La diabetes ya no es una enfermedad de minorías. Según la Federación Internacional de Diabetes (IDF), en 2021 alrededor de 537 millones de adultos vivían con diabetes en el mundo, y se proyecta que esa cifra alcance los 783 millones en 2045. En América Latina y el Caribe, la prevalencia ronda el 9-10% de la población adulta, con países como México, donde aproximadamente 12-14 millones de personas padecen la enfermedad.
A esto se suma un fenómeno que preocupa a los especialistas: el aumento de las olas de calor.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el cambio climático provocará un incremento en la frecuencia, intensidad y duración de los eventos de calor extremo.
Se estima que entre 2000 y 2019 murieron unas 489.000 personas al año por causas relacionadas con el calor, y las personas con enfermedades crónicas —incluida la diabetes— figuran entre los grupos más vulnerables.
Un dato revelador: diversos estudios sugieren que las personas con diabetes tienen hasta un 30% más de riesgo de requerir atención de emergencia durante episodios de calor extremo en comparación con la población general.
¿Por qué el calor descontrola la diabetes?
Las altas temperaturas hacen que se pierda más líquido por nuestro cuerpo mediante la transpiración, y muchas veces sucede de forma imperceptible. Deshidratación, hiperglucemia, hipoglucemia y golpe de calor son algunas de las complicaciones más frecuentes.
Esto conlleva a que ocurran cambios en nuestro organismo que pudieran dar al traste con el buen control metabólico. Nuestros vasos sanguíneos se dilatan haciendo que se absorba de forma más rápida la insulina, desencadenando eventos de hipoglucemia que en ocasiones se confunden con golpes de calor.
Por otro lado, la excesiva sudoración trae aparejados ciertos niveles de hemoconcentración —es decir, una mayor concentración de solutos en la sangre— que son interpretados como elevación de los niveles de glucemia. Esto pone en marcha mecanismos de ajuste a nivel del riñón que provocan orinas frecuentes y crea un círculo vicioso que incrementaría la deshidratación.
El efecto de la temperatura sobre la insulina y los medicamentos
Un aspecto poco conocido es que la insulina se degrada con el calor. La mayoría de las presentaciones deben mantenerse por debajo de los 30 °C, y una vez abiertas, su estabilidad se reduce considerablemente si se exponen a temperaturas superiores o a la luz solar directa.
Los estudios muestran que la insulina expuesta a más de 37 °C puede perder potencia en cuestión de horas, lo que se traduce en hiperglucemias inexplicables.
Medicamentos que aumentan el riesgo. Algunos fármacos para la diabetes y la hipertensión —frecuente comorbilidad— pueden agravar los efectos del calor:

¿Estoy deshidratado? Síntomas y señales de alarma
Si ya tienes sed, es porque tu cuerpo ha perdido aproximadamente el 3% de agua. A partir de ahí se podrán experimentar síntomas como resequedad de la boca, debilidad, cansancio, dolor de cabeza e irritabilidad. Ante esta situación hay que hidratarse lo más pronto posible.
Pero atención: la sed es un indicador tardío, y en las personas mayores o con neuropatía diabética puede estar alterada. Por eso conviene reconocer una escala progresiva:

Si el cuadro se acompañara de vómitos, diarreas o dolor abdominal, la situación es más grave y debemos buscar ayuda médica de inmediato. En personas con diabetes, estos síntomas pueden ser también señal de cetoacidosis diabética, una emergencia que requiere tratamiento hospitalario.

Cómo diferenciar una hipoglucemia de un golpe de calor
Esta confusión es frecuente y peligrosa:

Ante la duda, mide la glucemia si es posible: es la forma más rápida de distinguir ambos cuadros.

El golpe de calor: la emergencia silenciosa
El golpe de calor es la forma más grave de lesión por calor y ocurre cuando la temperatura corporal supera los 40 °C y los mecanismos de termorregulación fallan. Las personas con diabetes tienen mayor riesgo porque:
– La neuropatía autonómica puede alterar la capacidad de sudar.
– La deshidratación reduce la capacidad de disipar calor.
– Ciertos medicamentos interfieren con la termorregulación.
Los síntomas de alarma incluyen piel caliente y seca, ausencia de sudoración, confusión, náuseas, pulso acelerado y pérdida de conciencia. Es una emergencia médica: cada minuto cuenta. Mientras llega la ayuda, se debe trasladar a la persona a un lugar fresco, retirar el exceso de ropa y aplicar paños fríos en cuello, axilas e ingles.
Recomendaciones para prevenir la deshidratación y el descontrol metabólico
Aquí te dejamos algunas recomendaciones prácticas:
Hidratación constante. Usa ropa fresca y holgada, e hidrátate: no importa que no tengas sed, toma abundante agua, sobre todo si realizas actividades físicas o estás expuesto al sol. Se recomienda un mínimo de 2 a 2,5 litros de agua al día para un adulto con diabetes, y más si hay sudoración intensa.
Evita las horas de mayor radiación. Realiza tus actividades antes de las 10:00 a. m. o después de las 5:00 p. m. Protégete siempre con sombrero o ropa que cubra buena parte de la piel. Las quemaduras producen estrés, y el estrés es capaz de descompensarte.
Protege la insulina del calor intenso. No la dejes expuesta directamente a la luz del sol ni dentro del carro. Recuerda que debe permanecer por debajo de los 30 °C. Usa bolsas térmicas o neveras portátiles para transportarla.
Monitorea tu glucemia con mayor frecuencia. El calor puede hacer que los niveles varíen de forma impredecible. En verano, muchos especialistas recomiendan medir la glucosa entre 4 y 6 veces al día, especialmente antes y después de actividades al aire libre.
Lleva siempre contigo una bebida azucarada o glucagón para utilizar en casos de hipoglucemia. Si usas bomba de insulina, revisa el catéter y el reservorio, ya que el calor puede afectar su funcionamiento.
Cuida tus pies. La combinación de calor, sudoración y calzado inadecuado favorece las micosis y las heridas. En las personas con neuropatía, una lesión puede pasar desapercibida.
El verano no tiene por qué ser un enemigo de tu diabetes. Con planificación, hidratación consciente, monitoreo frecuente y protección de tus medicamentos, es posible mantener el control metabólico incluso en los días más calurosos.
Habla con tu equipo de salud antes de la temporada de calor. Pregunta sobre el ajuste de dosis, el manejo de los diuréticos y las señales de alarma. La prevención es, en la diabetes, la mejor medicina.
Bibliografía
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