Un profesor muy extraño
Aquella mañana, los estudiantes del taller de educación en diabetes del Centro Comunitario “Nuevo Amanecer” entraron al salón con caras de sueño, mochilas cargadas y muchas preguntas. Algunos llevaban sus glucómetros en la mano, otros revisaban el azúcar en la sangre antes de sentarse y unos cuantos conversaban sobre lo que habían desayunado.
Lo que menos esperaban era encontrar a su profesor disfrazado de páncreas.
Sí, tal como lo leen. El señor Ramírez, un educador en diabetes con más de veinte años de experiencia, había decidido convertirse por un día en “Mr. Páncreas”. Llevaba un traje acolchado de color rosado pálido, con forma de páncreas, una capa azul y un pequeño cartel en el pecho que decía: “Hola, soy tu páncreas. A veces necesito ayuda”.
Los estudiantes se quedaron en silencio durante unos segundos. Luego, todos estallaron en risas.
— ¿Qué le pasó, profe? —preguntó Dani, un chico de trece años que había sido diagnosticado con diabetes tipo 1 hacía apenas un año.
—Hoy no soy el profesor Ramírez —respondió él con voz grave y divertida—. Hoy soy Mr. Páncreas, el órgano más famoso del cuerpo humano. Bueno, después del cerebro, el corazón y el estómago. Pero no se preocupen, no vengo a quitarles el puesto.
Los estudiantes volvieron a reír. La tensión del primer día de taller se esfumó como por arte de magia.
Mr. Páncreas caminó hacia el frente del salón, moviendo su enorme disfraz con torpeza. En una mano llevaba un puntero y en la otra una bolsa llena de alimentos de juguete: pan, manzana, arroz, leche, galletas, jugo de naranja y una porción de pizza.
—Hoy vamos a hablar de algo que puede cambiarles la vida —dijo—. Vamos a aprender el método de conteo de carbohidratos. Pero primero, quiero que entiendan algo: yo, como páncreas, no siempre puedo hacer mi trabajo. En las personas con diabetes, el cuerpo necesita ayuda para manejar la glucosa. Y esa ayuda empieza por saber qué comemos.
El misterio de los carbohidratos
Mr. Páncreas sacó de su bolsa una manzana de plástico y la levantó.
— ¿Alguien sabe qué tiene que ver esta manzana con el azúcar en la sangre? —preguntó.
— ¿Que es dulce? —dijo Sofía, una niña de doce años que llevaba una bomba de insulina.
— ¡Exacto! —Respondió Mr. Páncreas—. Pero no solo lo dulce sube el azúcar. También el pan, el arroz, la pasta, las papas, la leche, las frutas y hasta algunas verduras. Todos estos alimentos contienen carbohidratos. Y los carbohidratos son como pequeñas llaves que abren la puerta de las células para que entre la glucosa.
— ¿Y eso es malo? —preguntó Dani.
—No, para nada —contestó el profesor—. Los carbohidratos son la gasolina del cuerpo. El problema es cuando no sabemos cuántos comemos. Si comemos demasiados, el azúcar sube. Si comemos muy pocos, el azúcar baja. Y si no ajustamos la insulina, podemos tener hiperglucemias o hipoglucemias.
Mr. Páncreas explicó que el conteo de carbohidratos es como llevar una contabilidad. Cada alimento tiene una cantidad de carbohidratos, medida en gramos. Si aprendemos a contar esos gramos, podemos tomar decisiones más precisas sobre la insulina que necesitamos.
—Imaginen que su cuerpo es un auto —dijo—. La insulina es como el acelerador. Los carbohidratos son el combustible. Si saben cuánto combustible van a usar, pueden ajustar el acelerador. Así el auto no se acelera demasiado ni se queda sin fuerza.
La primera lección: aprender a mirar las etiquetas
Mr. Páncreas repartió entre los estudiantes varias etiquetas de alimentos reales. En ellas aparecían los datos nutricionales: calorías, grasas, proteínas, carbohidratos, azúcares y fibra.
—Vamos a empezar por lo básico —dijo—. Miren esta etiqueta de leche. Dice que una taza tiene 12 gramos de carbohidratos. Si ustedes toman una taza de leche en el desayuno, deben contar esos 12 gramos.
— ¿Y si tomo dos tazas? —preguntó Sofía.
—Entonces cuentas 24 gramos —respondió Mr. Páncreas—. Es una multiplicación sencilla. Pero no se confíen: no todos los alimentos son tan fáciles. Algunos tienen azúcares añadidos, otros tienen fibra, y la fibra no se cuenta igual.
El profesor explicó que la fibra no se digiere completamente y que, en general, se puede restar de los carbohidratos totales cuando se calcula la insulina. También habló de los edulcorantes, de los alimentos “sin azúcar” y de los productos integrales.
—No se trata de prohibir alimentos —aclaró—. Se trata de conocerlos. Pueden comer pizza, helado o pastel, pero deben saber cuántos carbohidratos tienen y cómo ajustar su insulina. La diabetes no es una cárcel. Es una compañera de viaje que necesita atención.
Los estudiantes tomaron notas. Algunos hicieron preguntas sobre sus comidas favoritas. Mr. Páncreas respondió una por una, sin apuro, con paciencia y humor.
El juego del plato
Para que la clase fuera más divertida, Mr. Páncreas propuso un juego. Dividió a los estudiantes en grupos y les entregó platos de papel, imágenes de alimentos y tarjetas con gramos de carbohidratos.
—Cada grupo debe armar un plato saludable —dijo—. Luego deben sumar los carbohidratos y decirme cuánta insulina necesitarían si su ratio fuera de 1 unidad por cada 10 gramos.
Los grupos se pusieron a trabajar. Unos eligieron arroz, pollo y ensalada. Otros prefirieron pan, queso y fruta. Dani, que al principio estaba callado, levantó la mano.
—Mr. Páncreas, ¿y si no sé cuántos carbohidratos tiene algo porque no tengo la etiqueta?
—Muy buena pregunta —dijo el profesor—. Para eso existen las guías de alimentos y las aplicaciones. También puedes usar medidas caseras: una taza de arroz cocido tiene aproximadamente 45 gramos de carbohidratos; una rebanada de pan tiene unos 15 gramos; una manzana mediana tiene unos 15 gramos. Con el tiempo, aprenderás a calcularlo a ojo.
Mr. Páncreas les mostró una tabla con equivalencias. Les enseñó que una porción de carbohidratos equivale a 15 gramos y que muchas personas usan esa medida para simplificar.
—Pero ojo —advirtió—. Cada persona es diferente. No todos necesitan la misma insulina para la misma cantidad de carbohidratos. Por eso es importante trabajar con su equipo de salud: médicos, enfermeras, nutricionistas y educadores en diabetes.

La historia de Dani
Después del juego, Mr. Páncreas pidió a los estudiantes que compartieran experiencias. Dani levantó la mano otra vez. Esta vez no estaba riendo.
—Cuando me diagnosticaron, tenía miedo de comer —dijo—. Pensaba que todo me subiría el azúcar. Mi mamá me decía que comiera, pero yo no quería. Bajé de peso y me sentía cansado. Un día me desmayé en la escuela.
El salón quedó en silencio.
— ¿Y qué pasó después? —preguntó Mr. Páncreas con voz suave.
—Mi doctora me mandó a un educador en diabetes —continuó Dani—. Él me enseñó a contar carbohidratos. Al principio me parecía difícil, pero luego me di cuenta de que podía comer casi de todo. Solo tenía que aprender a medir y ajustar. Ahora me siento mejor. Juego fútbol y hasta como pizza los viernes.
Mr. Páncreas sonrió. Su disfraz rosado parecía brillar más.
—Eso es exactamente lo que quiero que todos entiendan —dijo—. El conteo de carbohidratos no es una moda. Es una herramienta que les da libertad. Les permite tomar decisiones informadas. No es perfecto, pero es un gran paso.
La importancia de contar carbohidratos
Mr. Páncreas escribió en la pizarra tres palabras: Conocer, Contar, Decidir.
—Conocer —dijo— significa saber qué alimentos tienen carbohidratos y cuántos. Contar significa sumar los gramos de cada comida. Decidir significa ajustar la insulina, la actividad física y otras variables para mantener el azúcar en un rango saludable.
Explicó que el conteo de carbohidratos ayuda a:
1. Mejorar el control de la glucosa.
2. Reducir el riesgo de hipoglucemias e hiperglucemias.
3. Aumentar la flexibilidad en la alimentación.
4. Mejorar la calidad de vida.
5. Facilitar la planificación de comidas y viajes.
6. Ayudar a los niños y adolescentes a sentirse más seguros.
7. Permitir que las familias colaboren en el cuidado.
—Pero no se trata solo de números —añadió—. También se trata de emociones. A veces comer con diabetes es estresante. Hay cumpleaños, fiestas, viajes, exámenes. El conteo de carbohidratos no elimina el estrés, pero lo reduce. Les da un plan.
Mr. Páncreas habló de la importancia de medir la glucosa antes y después de las comidas, de llevar un registro y de revisar los resultados con el equipo de salud. También mencionó que la actividad física, el estrés, el sueño y la enfermedad pueden afectar el azúcar en la sangre.
—No están solos —dijo—. La diabetes es un trabajo en equipo. Ustedes son los capitanes, pero tienen entrenadores, compañeros y herramientas.
El compromiso de Mr. Páncreas
Al final de la clase, Mr. Páncreas se quitó la capa y la colocó sobre una silla. Los estudiantes aplaudieron.
—Gracias, profe —dijo Sofía—. Nunca olvidaré que un páncreas me enseñó a contar carbohidratos.
—Y yo nunca olvidaré que ustedes son más valientes de lo que creen —respondió él—. La diabetes no los define. Ustedes definen cómo viven con ella.
Mr. Páncreas repartió una hoja con un plan de acción: anotar tres comidas favoritas, buscar sus carbohidratos, calcular una dosis con ayuda de un adulto y revisar la glucosa antes y después.
—La próxima clase —anunció— vendré como el hígado. Pero no se asusten, no voy a disfrazarme de hígado. Solo traeré un modelo.
Todos rieron una vez más.
Cuando los estudiantes salieron del salón, Dani se acercó al profesor.
—Mr. Páncreas, ¿puedo hacerle una pregunta?
—Claro.
— ¿Usted siempre quiso ser páncreas?
El profesor sonrió.
—No siempre. Primero quise ser astronauta. Pero un día entendí que ayudar a personas con diabetes era una misión igual de importante. Y aquí estoy.
Dani asintió y se fue con su glucómetro en la mano. Esa noche, en su casa, contó los carbohidratos de su cena por primera vez sin miedo. Y aunque el número no fue perfecto, se sintió orgulloso. Había dado un paso.
Mr. Páncreas había cumplido su misión.
Referencias Bibliográficas
- American Diabetes Association. (2024). Standards of Care in Diabetes—2024. Diabetes Care, 47(Suppl. 1).
- Asociación Latinoamericana de Diabetes. (2023). Guías ALAD sobre el diagnóstico, control y tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2. ALAD.
- International Diabetes Federation. (2023). IDF Diabetes Atlas (10.ª ed.). IDF.
- Franz, M. J. (2022). Medical Nutrition Therapy for Diabetes Mellitus and Hypoglycemia of Nondiabetic Origin. En K. Mahan & J. Raymond (Eds.), Krause’s Food & the Nutrition Care Process. Elsevier.
- Gillespie, S. J., & Evert, A. B. (2021). Diabetes and Nutrition. En Nutrition and Diet Therapy. Cengage Learning.
- Hernández, M., & López, R. (2020). Educación en diabetes: estrategias para el conteo de carbohidratos. Revista Mexicana de Endocrinología, 7(2), 45-52.
- Organización Mundial de la Salud. (2021). Diabetes: datos y cifras. OMS.
- Pastors, J. G., Warshaw, H., Daly, A., Franz, M., & Kulkarni, K. (2020). The ADA Guide to Carbohydrate Counting. American Diabetes Association.
- Sociedad Española de Diabetes. (2022). Manual de educación terapéutica en diabetes. SED.
- Warshaw, H. S., & Kulkarni, K. (2021). Complete Guide to Carb Counting. American Diabetes Association.
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