26/05/2024
Cirrosis etílica
A- Hígado Normal. B- Hígado con Cirrosis etílica.

La Cirrosis etílica o alcohólica es una afección crónica del hígado que aparece como resultado de un alto consumo de alcohol durante un período prolongado de tiempo. Esto conlleva a un daño progresivo de las células hepáticas (hepatocitos) con la formación, en su lugar, de tejido cicatricial y obstrucción del flujo sanguíneo afectando su función.

Según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, en el 2022 se consumieron aproximadamente 272 500 millones de litros de bebidas alcohólicas en el mundo. Se prevé que este consumo vaya en aumento superando la cifra de 306 000 millones de litros para el año 2027.

El consumo de alcohol en la actualidad varía significativamente según regiones, culturas y grupos demográficos. A nivel global, el alcohol sigue siendo una parte importante de la vida social y cultural de muchas sociedades, siendo consumido en una amplia gama de situaciones, desde eventos festivos hasta encuentros casuales.

Pero ¡Cuidado! Debemos moderar su consumo. Son muchos sus efectos negativos, que van desde lo biológico hasta lo social.

El alcoholismo causa más de 3 millones de muertes anuales y es además el factor de riesgo más importante de alrededor de 200 enfermedades.

No todas las personas desarrollan Cirrosis etílica, esto depende, como ya comentamos de la intensidad del consumo de estas bebidas, así como del tiempo transcurrido desde que la persona comenzó con este hábito. También depende de factores como el sexo (la mujer es más susceptible), la obesidad, la genética del individuo, los antecedentes de Hepatitis C y de Hemocromatosis (enfermedad congénita donde se acumula gran cantidad de hierro en el hígado).

Luego de la ingestión de alcohol este se absorbe a nivel del estómago e intestino delgado. Una vez en sangre es metabolizado en un 90% por el hígado. El otro 10% se elimina por los pulmones, los riñones y el sudor.

Durante el metabolismo hepático del alcohol se producen muchos radicales libres que se comportan de forma muy tóxica para los hepatocitos, produciendo inflamación y necrosis o muerte de estos.

Normalmente el hígado es capaz de reparar las células dañadas, pero cuando el daño supera su capacidad de reparación, se eliminan las células dañadas y en su lugar aparece un tejido fibrótico o cicatriz. Lógicamente, esto trae aparejado afectación de su función como órgano con dificultad para que circule la sangre a través de él.

Es más frecuente su aparición entre la 5ta y 6ta décadas de vida. Pero por norma general los primeros síntomas comienzan a aparecer a partir de los 10 años de haber empezado a beber de forma frecuente.

Entre ellos se destacan:

  • Fiebre.
  • Decaimiento.
  • Ictericia (color amarillo de la piel y las mucosas)
  • Orinas oscuras.
  • Hígado aumentado de tamaño y doloroso (en la fase inicial) o bien pequeño y duro (en su última fase).
  • Ascitis o acumulación de líquido en el abdomen.
  • Dilatación de las venas esofágicas.
  • Anemia.
  • Polineuropatía periférica.
  • Desnutrición.
  • Confusión o Encefalopatía hepática.
  • Alteraciones renales.
Dilatación de las venas por aumento de la presión de la
sangre al pasar por el hígado con cirrosis.

Aunque las Directrices dietéticas para los estadounidenses afirman que un consumo menor de 80 gramos de alcohol al día en el hombre o su equivalente a dos bebidas convencionales y 50 gramos en las mujeres o su equivalente a 1 bebida convencional es seguro, los últimos datos registrados por la Organización de la salud (OMS) indican que no existe un nivel seguro para el consumo de alcohol.

 De acuerdo con sus estadísticas, la mitad de todos los cánceres atribuibles al alcohol en la Unión Europea están asociados a un consumo entre ligero y moderado de alcohol (consumo semanal menor de 1.5 Lts de vino o menor de 3.5 Lts de cerveza o menos de 450 ml de ron).

Dicho de otro modo, no existe nivel seguro para el consumo de alcohol. Los daños de este comienzan desde el primer trago, quedando bien demostrado que mientras mayor es su consumo peor es el pronóstico.

El tratamiento más eficaz es la suspensión definitiva del consumo de alcohol. Esto mejora los síntomas y la función hepática. Es necesario señalar que cuando la Cirrosis etílica está bien instalada, el único tratamiento eficaz es el trasplante de hígado.

En sus estadios iniciales se pueden adoptar algunas medidas para frenar su progresión a los estadios finales como son:

  • Tratamiento dietético: disminución del consumo de sal con el objetivo de disminuir los edemas. También la disminución de proteínas, evitando la aparición de encefalopatía hepática.
  • Tratamiento medicamentoso: en ocasiones es útil la utilización de diuréticos para disminuir la formación de edemas. Otras veces es necesario la utilización de beta-bloqueadores para disminuir el riesgo de hemorragias del aparato digestivo. Otros medicamentos pueden utilizarse aunque por lo general son de uso hospitalario.
  • Trasplante hepático: en pacientes sin contraindicaciones y con una expectativa de vida alta.

Es importante destacar que la Cirrosis etílica es una enfermedad grave que puede ser potencialmente mortal. La mejor forma de prevenirla es limitando o evitando por completo el consumo de alcohol y buscando ayuda y tratamiento si existe dependencia alcohólica.

En estos casos motivar a la persona mediante técnicas de terapia conductual, psicoterapia y su vinculación a grupos de auto ayuda como Alcohólicos Anónimos es importante, evitando así una recaída y que vuelva al alcoholismo incluso luego de ser trasplantados.

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