26/05/2024
Experimento Tuskegee

Experimento Tuskegee

El Experimento Tuskegee, una de las páginas más vergonzosas del sistema de salud estadounidense, fue por muchos años considerado una teoría conspirativa, pero con el pedido de disculpas oficial de la Casa Blanca dado por el presidente Bill Clinton a los sobrevivientes, quedó más que claro que todo el escándalo había sido cierto.

El experimento tuvo lugar, como indica su nombre, en la ciudad de Tuskegee, enclavada en el estado de Alabama, entre los años 1932 y 1972 y bajo la responsabilidad del Servicio Público de Salud y el Instituto Tuskegee. En esta época no existía ningún medicamento confiable contra la sífilis, enfermedad que estaba azotando comunidades estadounidenses enteras.

¿En qué consistió este experimento?

El material de estudio fue nada menos que 600 hombres afroamericanos radicados allí. No obstante, el objetivo no era para nada terapéutico, sino comprobar el desarrollo natural de la sífilis en pacientes no medicados. A estos hombres nunca se les informó de su diagnóstico verdadero, sino que se les dijo que padecían de “mala sangre” (en inglés, bad blood).

En pocas palabras, a cualquier afroamericano que llegara a un centro de salud con síntomas leves, anemia o malestares, se le informaba que padecía la famosa “mala sangre”. Así fueron reclutados estos hombres a los que se les prometía atención médica, alojamiento, comida gratis y el pago de los servicios funerarios en caso de que fallecieran durante el estudio. Muchos de los sujetos del estudio eran hijos de esclavos con un escasísimo nivel cultural y de salud, lo que propició que se integraran al estudio principalmente por los incentivos que les prometían.

Experimento Tuskegee 2

Estos hombres afroamericanos fueron separados principalmente en dos grandes grupos: el primero integrado por 399 varones infectados con la enfermedad, mientras el segundo contaba con 201 hombres sanos que servirían como grupo de control para comparar los resultados.

El doctor Teliaferro Clark, uno de los principales impulsores del experimento, se apartó de él a un año de iniciado al no estar de acuerdo con los atroces métodos empleados por sus compañeros, sin embargo tampoco los denunció. Esto conllevó a que el experimento cayera en manos de doctores aún más inescrupulosos como Oliver Wenger.

Aunque llegó la penicilina.

Un hecho específico que demuestra la completa falta de ética de estos médicos fue destapado con el descubrimiento en el año 1947 de la efectividad de la penicilina en el tratamiento contra la sífilis. Esto no fue suficiente para que el experimento se detuviera, ni siquiera se le aplicó el tratamiento con dicho antibiótico a ninguno de los pacientes. Más aún, cuando la Ley Henderson declaró obligatorio el tratamiento a estos enfermos, los médicos del experimento alegaron que era imposible el tratamiento en sus conejillos de indias humanos, puesto que el uso de la penicilina podría empañar los resultados de su nefasto experimento.

Es importante recalcar que ninguno de los participantes, ni siquiera los 250 participantes que se enlistaron en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial,  nunca recibieron ningún tipo de tratamiento médico real contra su enfermedad. Solo fueron inyectados con placebo en algunos casos.

Peter Buxton levanta su voz.

Cuando al fin una voz honesta, la de Peter Buxton, investigador de enfermedades venéreas del Servicio Público de Salud se decidió a denunciar el experimento ante el Centro de Control de Enfermedades, la entidad descartó intervenir en este hasta que no fallecieran todos los participantes, cuando al fin se podrían obtener los resultados finales del experimento.

Ante tal respuesta, Buxton filtró toda la información a la prensa, desatando finalmente el escándalo en los periódicos “New York Times” y “Washington Star” a finales de julio de 1972. Apenas un día después de abierta la Caja de Pandora, el tristemente célebre Experimento Tuskegee vio su final.

El experimento, inicialmente ideado para extenderse por un año, tuvo una duración de 40 años de incontables sufrimientos para los participantes, de los cuales 28 fallecieron a causa de la sífilis, 100 por complicaciones derivadas de la enfermedad, 40 mujeres fueron contagiadas y 19 niños nacieron con esta dolencia.

En el año 1997, cuando apenas quedaban vivos 8 de los participantes originales del experimento, 5 de ellos comparecieron en el acto mediante el cual el presidente Bill Clinton se disculpó oficialmente por las atrocidades cometidas, el cual calificó las acciones del gobierno como vergonzosas. Además, tanto los sobrevivientes como las familias de los participantes recibieron indemnizaciones que en su totalidad se calculan en unos 9 millones de dólares.

Conclusión.

El Experimento Tuskegee es considerado una de las páginas más vergonzosas de la medicina estadounidense, y por extensión, del mundo. Fue muestra irrefutable de que el racismo y la falta de ética eran males que había que erradicar sí o sí.

Se ha hecho mucho desde entonces, pero no se puede olvidar un experimento que provocó tanto sufrimiento en la vida de los afroamericanos, los cuales nunca olvidarán el nombre de la ciudad de Tuskegee, enclavada en Alabama.

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